jueves 21 de junio de 2007

Las facultades del conflicto

La inversión de los componentes del título del ensayo El conflicto de las facultades -escrito por Kant en 1784 y reutilizado por Bourdieu en 1984, para describir el campo universitario- es un excelente pretexto para la reflexión sobre la inexistencia de las ciencias sociales regionales.
La institucionalización de las humanidades en nuestro campo universitario ha vuelto improbable hasta ahora la emergencia de las ciencias sociales. El vacío puede explicarse mediante la fórmula ni liderazgo académico ni infraestructura específica de postgrados, tampoco políticas científicas o culturales de largo plazo, quizá sólo haya existido en los últimos 20 años un estricto apego burocrático a los formatos para el financiamiento.

I. Es escándaloso, pero las ciencias sociales regionales no existen. En el campo académico universitario regional sólo son observables discursos humanísticos.
Los discursos humanistas de profesores e investigadores –herederos legítimos de la tradición oral de la predica católica y de la no escritura- han predominado sobre el trabajo científico, para reproducir las posibilidades imposibles de lo que pudimos haber sido en el pasado o bien para ubicarnos en el presente, mediante la insuficiente conmiseración, del lado de los débiles.
Las prácticas docentes y las prácticas de investigación desarticuladas han sido sujetas a la reproducción mediante el comentario sin autor –esa especie de impunidad docente- o se ha reducido al uso de transcripciones con el apoyo de fotografías y de la observación espontánea de los procesos regionales. Hay una ley básica en este campo: la inexistencia de autores reduce la posibilidad de las consagraciones locales.
El nombre de unidad o área utilizado para el conjunto de facultades humanísticas ha limitado, mediante la estrategia del escarnio o la autoflajelación, el juego de la ciencia social regional. La preocupación de algunos profesores e investigadores por la epistemología crítica o por el juego infantil de las habilidades de pensamiento –aún en los excesos de quienes al enseñar pensamiento complejo complican el pensamiento- es un síntoma de cómo la autoreflexión nos ha conducido al reconocimiento de los límites de la crítica basada en la denuncia. En sus desafortunados eventos, la reflexión epistemológica regional a duras penas disimula su ansiedad por organizar las prácticas discursivas humanistas dispersas aunque, por infortunio, se encuentra separada de la didáctica y la práctica de la investigación.

II. En humanidades, las facultades pueden clasificarse en dominantes y dominadas por su relación con el campo de poder estatal. Las facultades de Derecho, Idiomas, Antropología e Historia son dominantes y las facultades de Filosofía, Pedagogía, Sociología y Letras Españolas –contra sus pretensiones imperialistas- son dominadas.
La política institucional del campo universitario en las disciplinas humanísticas regionales ha posibilitado una correlación de fuerzas institucional en la cual los funcionarios del área procedían de las Facultades dominadas pero sin un proyecto de consolidación del trabajo científico en las ciencias sociales.
Estos acontecimientos reeditan la separación entre lo técnico y lo práctico y en el peor de los casos, inducen la conversión de los asuntos prácticos en técnicos. Los funcionarios provenientes de Antropología, Pedagogía y Letras –líderes formales de las humanidades- se han distinguido basicamente por sus virtudes políticas y técnicas.
No ha existido hasta ahora una política académica y científica con liderazgo académico.
En cambio, el campo de las humanidades ha experimentado –por un efecto de conjunto, ciego y caótico- una serie de giros teóricos producidos por las luchas discursivas generacionales internas e intergrupales de profesores e investigadores universitarios humanístas limitados a los discursos sobre el hombre o bien sobre las clases sociales de hombres.
En el lado dominante, el giro del discurso jurídico del derecho romano al derecho público comparado es la evidencia de la sujeción de los discursos académicos a la jurisprudencia y a las necesidades crecientes de legitimación política mediante el apego a la legalidad de las élites políticas regionales.
El vertiginoso crecimiento del servicio de las lenguas extranjeras es comprensible no sólo por razones técnicas, lo es sobre todo por necesidades comerciales producidas por el imaginario de la globalización y la integración regional.
La antropología –antes oficiosa en la confección de identidades múltiples- ahora se deshace entre el funcionalismo espontáneo de la etnografía y la historia social, la etnografía postmoderna y la teoría de sistemas mundiales.
La historia giró en éstos años, en silencio, casi muda, de la microhistoria a la historiografía.
En el lado dominado, la filosofía experimentó un giro de la argumentación y el análisis del lenguaje hacia un discurso postestructuralista y hermeneutico sobre el sentido e incluso por un efecto perverso hacia el catolicismo filosófico. Es comprensible que sin conocimiento de las críticas análiticas al marxismo, en esta facultad el marxismo no haya tenido un lugar en las discusiones filosoficas locales.
En la sociología –el nombre que se utilizó para las prácticas discursivas y políticas marxistas y la lectura de libros clásicos de la sociología europea- aconteció un giró del marxismo de las lecturas selectas de materialismo histórico y dialéctico a las preocupaciones por la etnología urbana y el desarrollo comunitario a través de la educación popular.
La pedagogía, siempre sin disciplina y con un objeto difuso, fue asaltada por profesionales excluidos y aislados de las instituciones del área y aún se rehúsa al abandono del ideal decimonónico del desarrollo integral del niño y del adolescente.
Letras Españolas dejó el clasicismo –la predominancia del latín y el griego- para dar paso al predominio a las literaturas nacionales y vanguardistas acorde al principio del campo literario de las revoluciones incesantes cuyo parentesco con la alta costura es alto, puesto que en ellas germinan con mayor facilidad las consagraciones.
Respecto de lo anterior, una arqueología mínima de las prácticas discursivas humanistas regionales permite explicar no sólo la desaparición de la centralidad de los conceptos tales como coherencia, explotación, hazaña, justicia, aculturación, semiosis, sino también la desproporción, desidentidad y desarticulación institucional de estas disciplinas humanísticas.
A cambio, existe un nuevo catálogo de palabras estelares tales como saber, distinción, correlación de fuerzas, hibridación, valores e interpretación, que dan base a un programa vago de reforma educativa que deja intacta la vieja estructura disciplinaria de las humanidades.
La posibilidad del debate científico de las facultades para el esclarecimiento de los límites de sus fronteras y las zonas de intercambio se bloqueó por la gestión institucional que optó por el control de los conflictos contrainstitucionales y contraculturales de algunas de las facultades dominadas.
En los últimos 20 años las facultades dominadas produjeron conflictos institucionales, la mayoría de ellos legítimos, pero muy pocos ejercicios de reflexión interdisciplinaria de los cuales se tenga memoria. Allende el espacio físico compartido, los profesores e investigadores aceptaron el encierro de la disciplina como una jaula de páginas y evocaciones.
En tales circunstancias, el conflicto de las facultades ha sido sustituido por las facultades del conflicto. La gestión escolar de las humanidades institucionalizó los conflictos mediante estrategias tradicionales mientras las facultades desarrollaron la competencia de la micropolítica en lugar de una infraestructura comunicativa para el debate.
A contrapelo, en estos años, el debate entre la Facultad de Derecho y la Facultad de Sociología, es uno de los escasos conflictos académicos productivos. Otro de éstos fue el producido por Las Jornadas Marxistas, una especie de superación troskista y anarquista del marxismo estalinista que conquistó el alma y los corazones de algunos sociólogos, antropologos y pedagogos críticos.
Este conflicto por el orden regional no sólo produjó funciones opuestas de control y cambio sino que en sus excesos de porrismo y militantismo construyó la legitimidad y la circulación de las élites regionales.
El Debate sobre Bachelard entre profesores de Derecho y Sociología fue el mejor producto académico de ese conflicto. Las demás facultades han experimentado una alta especialización sin sujetar sus prácticas al debate público sobre sus relaciones interdisciplinarias dejando intactas sus fronteras excepción de algunos migrantes.

III. Respecto de lo anterior, para las ciencias sociales modernas es necesaria una matriz disciplinaria, la articulación transversal de las disciplinas y el antihumanismo de programas docentes, líneas y proyectos de investigación. El intercambio mediante créditos del modelo actual es para decirlo con una palabra, precario.
En el campo universitario regional –el segmento de profesores e investigadores humanístas- bloquean las ciencias sociales regionales. La persistencia del catolicismo filosofico, del humanismo antroposociológico, del idealismo pedagógico, del vanguardismo literario, del costumbrismo historiográfico y del falso cosmopolitismo lingüístico, imposibilitan las ciencias sociales regionales.
No basta un cambio de nombre para la superación de tales vicios académicos sino de prácticas discursivas diferenciadas funcionalmente y articuladas mediante una política institucional de contacto interdisciplinario. El área puede rediseñarse para un departamento de ciencias sociales que reúna docencia e investigación en una matriz disciplinaria, un campo de especialización y un campo de investigación aplicada.
Los costos son mínimos comparados con un tránsito hacia un modelo productivo de trabajo científico moderno, reflexivo y selectivo en los logros del contacto interdisciplinario.
En lugar de rutinizar el hastío –nuestro spleen humanístico- deben abrirse las facultades. Si algún sentido tiene el retorno a los textos de Kant y Bourdieu es para hablar del necesario conflicto académico de las facultades. En estas circunstancias, la inversión de los componentes del título de sus ensayos será parte del comienzo de la inversión del proyecto institucional de las humanidades.